(Siete Páginas Para La Gloria De Dios En Jesucristo
Mediante El Espíritu Santo).
(Ensayo y Meta-Cuento)
Gracias a Fidel Munnigh por haber corregido la primera versión
intitulada "La Muerte Inefable". Gracias a Luciano Rafael Frías
Rodríguez por los generosos comentarios en su ensayo crítico. Gracias
a mi maestro bíblico Tony Adames por haberme enseñado la Verdad. I
Tesalonicenses 5:16-24. ¡Amén! Orly.
(Primera versión: Mención de Honor en Concurso Dominicano de Cuentos
de Casa de Teatro, 1997).
Nota: El siguiente ensayo fue escrito sobre la primera versión del
meta-cuento en el año 1997. La versión final y definitiva del
meta-cuento fue terminada en el 22 de septiembre del 2009.
En Torno A "La Muerte Inefable"
-Ensayo-
Por: Luciano Rafael Frías Rodríguez (Chachín).
"Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo".
Mateo 16: 16.
"Desparramados por la faz de la tierra, diversos de color y de rasgos,
una sola cosa -el Secreto- los une
y los unirá hasta el fin de sus días."
Jorge Luis Borges: La secta del Fénix.
A Jesús Arias Guerrero, borgesiano sin remedio.
En "La Muerte Inefable", el escritor sancristobalense Orlando
Alcántara Fernández (Orly) nuevamente nos deslumbra con su prosa
diáfana y despejada. Desprovisto de toda pretensión superflua, este
cuento, ganador de mención honorífica en la versión del 1997 del
concurso literario de Casa de Teatro, es un ejercicio de rigor
semántico y sintáctico. Como buen cuentista, Alcántara Fernández nos
conduce a través del breve relato hasta su objetivo final, sin desvío
ni digresión inútil, como saeta certera que no yerra el blanco.
Escrita en primera persona, la historia refiere la narración de la
muerte-conversión de Adán Fariseo, intelectual de vida licenciosa y
turbulenta, quien, no obstante, ha dejado una extensa obra que se
adivina apasionante. Sin embargo, el severo narrador-albacea se
encuentra ante el dilema de publicarla o, debido a que la juzga tan
pecaminosa como la propia vida de Adán Fariseo, condenarla al
"ostracismo del silencio".
Es inevitable sentir un olor autobiográfico en "La Muerte Inefable"
(quizás el olor de un cigarrillo encendido). El tema se plantea con
demasiada honestidad y valentía. En tiempos de laxo relativismo, el
autor toma posición, hace confesión de fe. Es cierto, él mismo expone
el pecho, corre el riesgo de ser crucificado. Pero al mismo tiempo
nos echa en cara el Adán Fariseo que somos todos, porque todos
padecemos la "quieta desesperación" (Joyce) que nos produce la
certidumbre de la muerte. Todos andamos haciendo diabluras, tratando
de olvidar que somos reos, condenados a la pena capital. No hay
argumento que valga, a nadie entusiasma la idea de la anulación total,
absoluta y eterna. No hay suicida alegre.
Pero, para no pasarse de grave, "La Muerte Inefable" posee un sutil y
bien logrado mecanismo lúdico que gira alrededor de un eje simbólico.
Al final no deja de provocar sorpresa y, lo más celebrable, humor. Es
un magnífico testimonio que -una vez leído- provocará una cierta
vibración en el alma de algún "lector desprevenido". Y de seguro que
a todos nos planteará algunas interrogantes.
(¡Que la gloria sea para Yavé!)
La Muerte Inefable y El Club de los Ateos.
(Siete Páginas Para La Gloria De Dios En Jesucristo
Mediante El Espíritu Santo).
(Meta-Cuento).
Por: Orlando Alcántara Fernández (Orly).
"No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu,
ha dicho Jehová de los ejércitos".
Zacarías 4:6b.
(Versión Reina-Valera 1960).
Yo soy el único testigo de la muerte inefable del escritor satánico
ADÁN FARISEO. De su turbulenta existencia sólo queda un vestigio: un
cigarrillo encendido en el cenicero que en vida perteneció al occiso.
Por el momento, su obra permanece inédita. A mí me toca la odiosa
tarea de publicar sus textos. Temo que el intoxicante sabor de sus
páginas deletéreas me obligará a condenarlas al ostracismo del
silencio.
Aunque llena de altibajos, toda su vida fue un pecado. El escritor
ADÁN FARISEO disfrutó descaradamente de los placeres de la carne: odió
al prójimo; se inmiscuyó en la política; simpatizó con el comunismo;
tuvo experiencias masoquistas y homosexuales; mintió y robó; blasfemó
y fornicó; envidió y prevaricó. Nunca mató, pero con su verbo
aguerrido aniquiló mundos imaginarios y recreó universos verbales que
luego asesinó con una frase, con una sola palabra. Nunca se arrodilló
ante un ídolo pagano, pero su corazón rindió tributo al dios de las
tinieblas en sus variadas manifestaciones mundanas. Nunca adulteró,
porque no llegó a unirse legalmente con ninguna mujer. Simplemente
vivió en unión libre con una de sus múltiples amantes. Nunca usó el
nombre de YAHWEH en vano, porque antes de morir no lo conoció (mejor
dicho, apenas lo conoció). Fue un turista religioso consumado en mil
y una denominaciones cristianas durante 16 largos años que parecían
interminables, pletóricos de obsesivos y obcecados vaivenes
espirituales, que en verdad eran atisbos fortuitos y velados en su
arraigado y obstinado descreimiento en el Dios popularizado en lo
medios masivos de comunicación -tanto orientales como occidentales-
que nunca lograron convencer al escéptico ADÁN FARISEO, incrédulo y
desarraigado. Su muerte inesperada puso punto final al imperio de
Satanás el Diablo en su piel de barro.
Los manuscritos profanos de ADÁN FARISEO están sobrecargados de
sutiles impurezas, hábilmente disfrazadas de un humanismo a ultranza
en busca de la liberación personal sin Dios ni Jesucristo en su
versión ampliamente aceptada. Me atrevo a afirmar que su destellante
prosa en última instancia socavaría los cimientos de la imaginación
creativa en cualquier lector desprevenido. Descarto, por
consiguiente, que su obra literaria se vea ennoblecida con el galardón
póstumo de la publicación -nimio mendrugo de la posteridad vencida-.
Por valorar sus manuscritos con palabras agrestes y despiadadas,
YAHWEH Dios tiene que perdonarme. Es de rigor que mi verbo sea severo
al enjuiciar sus páginas mefistofélicas, porque ADÁN FARISEO fue un
personaje cuyos días fluctuaron entre lo auténtico y lo falso, entre
la total dependencia pecaminosa y la mayor autonomía auto-suficiente.
No pretendo justificarme ni racionalizar la virtual injuria.
Nuestro personaje abusó al extremo del amor incondicional de Dios.
Humanamente este tipo de amor es conocido en padres que se desviven
irracionalmente por satisfacer todos los caprichos enfermizos de sus
hijos insaciables, en pretendientes desquiciados que persiguen y
acosan día y noche cualquier amor imposible a pesar del continuo
rechazo, en miles de historias insólitas a través de toda la Historia
y en nuestra más cruda cercanía de los amoríos desproporcionados. El
proverbio oriental puntualiza de forma lapidaria la intríngulis que da
vida al amor incondicional que todos en nuestro fuero interno tanto
anhelamos: "ámame cuando no lo merezca, pues es cuando más lo
necesito".
ADÁN FARISEO no fue víctima, ni victimario, simplemente cumplió a
cabalidad su función de voluntario ante cualquier evento de su
vertiginosa vida descarriada. Su mayor pecado consistió en
auto-destruirse mediante la práctica tenaz y persistente del más
desaforado de los pecados, centrado en los placeres de su hedonista y
ególatra carne. De principio a fin se empeñó impenitentemente en ser
un suicida a través de cada acto pecaminoso de su accionar diario.
Nunca fue feliz, pues el pecado se lo impedía. Tengo ante mí sus
textos. Los veo; los re-leo. Me avergüenza saber que ADÁN FARISEO
fundó "El Club de los Ateos", lugar distinguido en donde muchedumbres
se daban cita para saciar sus penes. Tengo ante mí sus textos. Ahora
los re-leo.
Pongo a YAHWEH por testigo. ¡Tengo que ser implacable! ¡No hay
atajos! ¡No hay salida! ADÁN FARISEO vivió como un desaprensivo
hasta que un día terminó de investigar de arriba abajo la Biblia,
especialmente a través del Internet pluscuamperfecto. Después de
negar la verdad revelada por mucho tiempo y -más notorio aún- después
de interminables debates polémicos en torno a la Deidad de Jesucristo
en la privacidad de su habitación se arrodilló abrazando la Biblia de
un modo verdaderamente sorpresivo. Le pidió humildemente a YAHWEH Dios
de los Ejércitos que lavara su inmundicia con la preciosísima sangre
expiatoria de Su único Hijo, Jesucristo.
A su mente llegó la reveladora cita bíblica de Juan 20:28-29:
"Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le
dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no
vieron, y creyeron". Su corazón vibró; su alma se estremeció.
Permaneció de rodillas por un tiempo que parecía eterno por la
sublimidad de la paz interna que embargó de repente su compungido ser
recién iluminado.
Ahora la gente me asedia con sus preguntas. Les digo que ADÁN
falleció, que pasó a mejor vida. No me pueden entender y les confieso
que algún día escribiré la historia singular y verdadera del escritor
satánico ADÁN FARISEO. No sé si publicaré sus textos. Sólo sé que
siento incomodidad cuando la gente se acerca a mí y me cuestiona sobre
el finado poeta.
En la actualidad, estoy sopesando su obra inédita. Antes de morir,
le prometí al difunto aeda publicar sus textos. La labor de
resucitarlo a partir de las cenizas del cigarrillo encendido que aún
se consume obstinadamente -consumiéndose a sí mismo y consumiéndome a
mí por dentro- es en verdad una empresa heroica -acaso titánica- que
algún día realizaré a sabiendas de que mi biografiado no merece ser
recordado ni siquiera por la mujer que durante nueve meses le albergó
en el resquicio sagrado de sus entrañas.
Tal vez muchos seres se encuentran en la misma condición caída. Es
muy probable que la muerte inefable del escritor satánico ADÁN FARISEO
traiga paz interior a sus atribuladas almas. Yo, de mi parte, me he
equivocado tantas veces que en esta ocasión también creo que he
fallado en dar en el blanco.
Camino despacio entre la multitud. Algunos me saludan y me confunden
con el extinto aeda. Yo les digo que se han equivocado, que dejar de
fumar no es fácil. Espero que este sea -Dios mediante- el último
cigarrillo de ADÁN FARISEO. Por lo pronto, debo reunirme con mis
amigos de la Iglesia YAHWEHísta Cristiana Triunitaria Bíblica Bautista
Evangélica Pentecostal Carismática Fundamental. "¡Levántense, vámonos
de aquí!" (Juan 14: 31).
Multitudes de "hombres" se encuentran desquiciados desde que cerraron
el cine pornográfico "El Club de los Ateos". Su propietario, el
intelectual Orlando Alcántara Fernández (Orly), lo clausuró
inesperadamente y sin previo aviso cuando le entregó su vida a YAHWEH
Dios en Jesucristo, Señor y Salvador nuestro, en el contexto de las
verdades bíblicas expuestas en portales de Internet como
http://jesucristo.net y http://rbclatino.org en español y
http://rbc.org y http://blueletterbible.org en inglés.
"Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable;
tal vez todos sabemos profundamente que somos inmortales
y que, tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas
y sabrá todo."
(Funes el memorioso)
Jorge Luis Borges.
Versión Definitiva:
22 de septiembre del 2009.
San Cristóbal, República Dominicana.
--
Servicios/Services: http://publijc.com http://resujesus.com
Testimonio/Testimonial: http://orly.resujesus.com 809-528-0168 Jn
20:28-29; Efesios/Ephesians 2:8-10; I Cor 15:50-57
http://jesucristo.net http://blueletterbible.org Jer. 8:20: Pasó la
siega, terminó el verano, y nosotros no hemos sido salvos. The harvest
is past, the summer is ended, and we are not saved. SANTIDAD: ¡Jehová
Dios de los Ejércitos, sálvame de mí mismo! Al pasar inventario a mis
46 años y después de estar estudiando la Biblia en los últimos 16 años
he llegado a la conclusión de que tengo que clamar a cada instante al
único Dios verdadero para que me salve de mí mismo y me libre de
cometer cualquier tipo de pecado por insignificante que parezca.
Jesucristo me dice que no mire la paja en el ojo ajeno y que medite
absolutamente en la viga en mi propio ojo. Jesucristo también me
dice: "¡Médico, cúrate a ti mismo!". Pablo me dice que para nada
sirve si le predico a otros y al final no alcanzo la Salvación
asegurada en la Biblia. Estos son pensamientos en voz alta que debo
recordar y meditar de modo absoluto cada instante de la vida que me
resta por vivir. HOLINESS: ¡Jehovah God of hosts, save me from myself!
After holding an inventory of my 46 years of age, and after I have
been studying the Bible during the last 16 years, I have arrived to
the conclusion that I have to cry out at every instant to the only
true God so that He saves me from myself and that He keeps me out of
any type of sin. Jesus Christ tells me not to behold the mote that it
is in somebody else's eye but to consider the beam in my own eye.
Jesus Christ also tells me: "¡Doctor, cure yourself!". Paul tells me
that it is worthless if I preach to others and at the end of the road
I don't reach the Salvation guaranteed in the Bible. All of these are
thoughts that I am expressing in a loud voice, which I have to
remember and to meditate in an absolute way every instant of the rest
of my life. Orly.

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